martes, 21 de febrero de 2017

       ¿Qué hubiese pasado si no hubiera perseguido al escarabajo y no hubiese encontrado la flor?

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       Esa es la pregunta que vino a mi mente esa mañana. Cuando era pequeño, un día, había ido de vacaciones con mis padre. En una de las paradas que hicimos cacé un pequeño escarabajo, el cual encerré en una pequeña caja. Cuando llegamos a nuestro destino abrí la caja para observarlo pero, al abrirla, el pequeño insecto se escapó. Lo perseguí, salté un muro, crucé un río y un bosque. Entonces vi una flor marchita, la cual obtuvo toda mi atención, olvidando al escarabajo. Fui al río para coger agua y echársela a la planta. Después de echar varias veces el líquido sobre ésta conseguí que la flor creciera y no muriera. Esta flor acabó siendo un punto muy importante del pueblo donde se encontraba.

       ¿Qué hubiese pasado si no hubiera perseguido al escarabajo y no hubiese encontrado la flor?


Bella María Fernández Gómez - 2ºA



domingo, 19 de febrero de 2017

Pedro salva el prado

Había una vez un niño de 8 años llamado Pedro, que se encontraba viajando en coche con sus padres, dirigiéndose al campo de sus abuelos, los cuales vivían bastante lejos de la ciudad. Hicieron una parada en un pequeño prado para comer. Cuando Pedro terminó, fue a dar un paseo y vio una gran lagartija, a la que siguió para intentar atraparla. La lagartija corría tanto que Pedro se cansó y antes de darse por vencido, vio como la lagartija se escondió detrás de un pequeño árbol en lo alto de una colina, así que al final la atrapó. El padre de Pedro llegó, diciéndole que se tenían que marchar,  y al ver el pequeño árbol al padre le gustó y se lo llevó para plantarlo en su jardín. Cuando fue a enseñarle la lagartija a sus abuelos, esta se escapo. Pedro corrió detrás de ella hasta que, cansado, se sentó a los pies de un árbol y pudo ver que a lo lejos había en lo alto de una colina, cubierta de plantas secas, una flor marchitada que era la que estaba al lado del árbol que el padre de Pedro se llevó. El niño fue corriendo a buscar agua a un pequeño lago que había visto al lado de la casa de campo. Cogió una regadera y llevó agua hasta la flor, que creció mucho, tanto como un edificio. Así que Pedro se subió, escalando hasta lo más alto. Cuando llegó a una de sus hojas más altas se sentó y se quedó dormido. Al despertar pudo ver que el prado volvía a ser verde y lleno de flores.
La lagartija siguió su camino, pues Pedro se olvidó de ella y fue a contarle esta increíble historia a sus padres y a sus abuelos.


Anabel Mora Montero 2º de ESO A