domingo, 18 de junio de 2017

...Sólo cada vez que su hijo abrazaba de verdad a su padre, éste volvía a estar feliz y recuperar su color. Porque el sistema de la sociedad hace que no pueda vivir a gusto o con calidad. Aún así quiere dar vida y color a su hijo, porque nadie está obligado a que elijan sus emociones...

Había un instituto en el que todos los alumnos y profesores nunca sonreían, ni se reían... Un niño se trasladó a éste. Era un niño muy alegre y feliz. Pero al entrar, las cosas cambiaron. Era un ambiente gris y depresivo. Los días para el niño se volvieron largos e insoportables, excepto cuando volvía a su casa con su familia. Un día, harto de esta situación, decidió jugar y animar a sus compañeros y profesores. Entonces comprendió que para ser feliz antes tenía que repartir felicidad.


Diana Hernández

lunes, 12 de junio de 2017

Estudiar... eso es lo único que les importa a mis padres. 
Sólo estudiar...
¿Y si un día me diera por irme y no mirar atrás?
Probablemente sería la mejor opción, pero ya han pasado varios años y no he encontrado el valor suficiente...

Y aquí me encuentro, volviendo a mi casa a suplicar que me perdonen por haber experimentado un poco de diversión. 
No creo que me haya equivocado.
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Sofía Roselló
Soñar, ¿Quién te lo impide?
Ser pequeño, levantarte de la cama y haber soñado algo fantástico era lo normal, a esto se llama infancia feliz.
¿Pero que pasa cuando cumples los quince años, no sabes que hacer y soñar ya no está en tu planes? 
Lo normal es seguir estudiando, conseguir un trabajo, tener hijos y morir feliz.
La otra opción la conocen muy pocas personas, pero es la mejor. 
Aunque tengas 20 o 30 años sigues soñando, te casas e incluso le enseñas a tus hijos a soñar fuera de sus sueños.
¿ Pero qué pasa con los millones de personas normales?

Pues que seguirán siendo normales durante generaciones y por eso vivimos en un mundo monótono, aburrido y corriente. 
Entonces la pregunta no es si podemos soñar,  sino quién nos lo impide.
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Sofía Roselló
Gracias mamá, gracias papá. 

Puede que ya no este aquí cuando leáis mis últimas palabras. Pero quería daros las gracias por haberme hecho el mejor  regalo de mi vida, de hecho el regalo que me acabaría matando.
También quiero agradecerles el fin de mi existencia a las personas que solía llamar amigas por no haberme protegido de todos los monstruos que habitaban en mi juguete favorito.
No quiero escribir esto como si fueran mis últimas palabras, quiero escribirlo para que el mundo se entere de que, lo que nos parecía un invento asombroso, fuera una herramienta o incluso un arma para que miles de  hijos, amigos , hermanos o incluso un extraño cualquiera fuera tan importante como para salir en la televisión porque había decidido matarse.
Y  eso me pareció tan importante que he decidido dedicarme a eso, quiero que los padres se planteen comprarle un móvil a su hijo o que una persona se plantee llevarlo en la mano después de escucharme. Espero que cuando la gente se pregunte quién a escrito esto, les contesten… lo ha escrito una persona que se preocupó por todos los desconocidos de este mundo. Espero que esto os ayude y gracias por escucharme.
 
De repente toda la gente empezó a aplaudir, pero lo que más me llama la atención es que no dejan sus móviles a un lado, como si lo que hubieran escuchado por los altavoces del centro comercial fuese sólo la causa de la muerte de una persona más. 
Pero esa persona se preocupó por todos los desconocidos de este mundo, llegó a matarse por nosotros y no debería salir sólo en la televisión, en la radio o en audios en nuestros móviles. Debería quedarse en las mentes de todos los desconocidos porque esta debería ser la última muerte provocada por un móvil.
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Sofía Roselló
GANAR O MORIR
Guillermo estaba preocupado por Ana, ya que nunca había sentido inseguridad y presentía como si su compañera Ana fuera a morir esa misma tarde en esas pruebas en Madrid.
Consistían en retos muy arriesgados que les hacían a los ciudadanos que quisieran hospedarse en ese pueblo tan encantador llamado Atazar. Ana estaba a punto de apuntarse, pero los jueces inmediatamente le dijeron que era en pareja.
Intentó convencer a Guillermo, viejo amigo que vivía con ella. Tras una larga charla decidieron apuntarse.
La primera prueba consistía en cruzar el río Amazonas, con una canoa vieja y casi rota... Tras un duro trabajo, llegaron a semifinales junto a otros grupos.
La siguiente prueba se trataba de montar en camello durante un día y medio por el Desierto del Sáhara sin una gota de agua ni comida.
Pasaron esta prueba, aún más difícil que la anterior, junto a un equipo formado por dos adolescentes de unos 20 años de edad, Miguel y su primo Jimmy.
Por último, debían escalar la famosa Torre Eiffel con ayuda del grupo contrario ya que era bastante difícil y cuatro personas eran mejor que dos... ¡Maldita locura! 
Antes de empezar, estos cuatro aventureros se miraban fíjamente ya que todavía no se podían fiar unos de otros.

Finalmente, consiguieron llegar a la supuesta “cima” y ganar esos miles de euros bien merecidos...
Cristian Tapia 
Donde acaba el arcoiris

-¿Has visto alguna vez el final de un arcoiris?, le pregunté a mi hermano pequeño, el cual no dejaba de temblar mientras miraba hacia la ventana del avión.
-No creo que exista tal cosa, Lucía, me respondió.
-¿Cómo que no? ¿Conoces acaso la historia del duende Juan?... el nombre del duende fue precisamente lo que le llamó la atención. Verás Juan, aquel duende era un escéptico y, a pesar de que todo el pueblo decía que al final del arcoiris se encontraba un gran caldero con dinero, él no los creía. Un día decidió comprobar por sí mismo si aquella historia era cierta y... adivina qué... Sí, que lo era. El duende cogió algunas monedas del caldero y cuando llegó a casa se las dio a su familia como disculpa por no haberles creído.
Mientras yo contaba el cuento mi hermano se tranquilizó y se durmió.
He de confesar que le he hecho ilusiones a mi hermano, pero no quería que estuviera despierto y asustado viendo como el motor del avión ardía. Sólo quería darle algo de tranquilidad y una falsa sensación de seguridad mientras el avión caía al océano.




Ana Clares de Lacalle, 2 ESO A.
La tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la avaricia de cada hombre.

Vivimos en la tierra como si tuviéramos otra a la que ir.

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Juan Antonio Camacho