...Sólo cada vez que su hijo abrazaba de verdad a su padre, éste volvía a estar feliz y recuperar su color. Porque el sistema de la sociedad hace que no pueda vivir a gusto o con calidad. Aún así quiere dar vida y color a su hijo, porque nadie está obligado a que elijan sus emociones...
Había un instituto en el que todos los alumnos y profesores nunca sonreían, ni se reían... Un niño se trasladó a éste. Era un niño muy alegre y feliz. Pero al entrar, las cosas cambiaron. Era un ambiente gris y depresivo. Los días para el niño se volvieron largos e insoportables, excepto cuando volvía a su casa con su familia. Un día, harto de esta situación, decidió jugar y animar a sus compañeros y profesores. Entonces comprendió que para ser feliz antes tenía que repartir felicidad.
Diana Hernández

No hay comentarios:
Publicar un comentario