Gracias
mamá, gracias papá.
Puede que ya no este aquí cuando leáis mis últimas
palabras. Pero quería daros las gracias por haberme hecho el mejor regalo de mi vida,
de hecho el regalo que me acabaría matando.
También quiero agradecerles el fin de mi existencia a las personas que solía
llamar amigas por no haberme protegido de todos los monstruos que habitaban en
mi juguete favorito.
No quiero escribir esto como si fueran mis últimas palabras, quiero escribirlo para que el mundo se entere de que, lo que nos parecía un invento asombroso,
fuera una herramienta o incluso un arma para que miles de hijos, amigos ,
hermanos o incluso un extraño cualquiera fuera tan importante como para salir
en la televisión porque había decidido matarse.
Y eso me pareció tan importante que he decidido dedicarme a eso, quiero
que los padres se planteen comprarle un móvil a su hijo o que una persona se
plantee llevarlo en la mano después de escucharme. Espero que cuando la gente
se pregunte quién a escrito esto, les contesten… lo ha escrito una persona que se preocupó por todos los desconocidos de
este mundo. Espero que esto os ayude y gracias por
escucharme.
De repente toda la gente empezó a aplaudir, pero lo que más me llama la atención
es que no dejan sus móviles a un lado, como si lo que hubieran escuchado por
los altavoces del centro comercial fuese sólo la causa de la muerte de una
persona más.
Pero esa persona se preocupó por todos los desconocidos de este
mundo, llegó a matarse por nosotros y no debería salir sólo en la televisión,
en la radio o en audios en nuestros móviles. Debería quedarse en las mentes de
todos los desconocidos porque esta debería ser la última muerte provocada por
un móvil.
Sofía Roselló
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